Vista nocturna de la plaza de Iquitos desde lo alto, con la torre del reloj y las luces de la ciudad

Sí, un latino puede ser misionero

Read this entry in English →

Una noche le propuse un trato a Dios.

Días antes había escuchado a un pastor predicarles a los jóvenes sobre ser valientes. Las misiones no eran el centro del mensaje, si recuerdo bien, pero varias cosas que dijo se me quedaron grabadas. Volví a casa caminando, del centro de Iquitos hasta el otro extremo, donde vivía. Iba dándole vueltas a una decisión que me rondaba desde hacía años, y los días siguientes seguí igual. Hasta que llegó la noche del trato. Ya acostado, no podía dormir. Me senté en la cama y le dije, más o menos así: «Hagamos un trato. Tengo sueño, ¿no ves? Mañana debo entrar temprano al trabajo. Voy a acostarme: si me dejas dormir, lo haré. Si sigo pensando en esto, pues no».

Me tomó años llegar a esa noche. Esto es lo que me hubiera gustado saber.

Tenía planes. Había estudiado una carrera que me costó esfuerzo terminar, quería ser bueno en lo mío y tener recursos para mi familia. Renunciar a eso fue muy duro. Y aun así, el Señor fue bueno conmigo: no me quitó la profesión, me dio un nuevo propósito para usarla.

Había otro miedo, más extraño: verme a mí mismo como misionero. Tardé años en llamarme así.

Lo más difícil no fue creer, fue saber cómo. Casi nadie en las iglesias conoce las muchas formas de servir, dentro y fuera del país. No los culpo: ellos tampoco recibieron esa información. Yo sí la necesitaba, y tuve que rascar entre un puñado de cristianos que admiraba para conseguirla. Del otro lado, las organizaciones en el campo te necesitan, pero muchas no saben cómo integrar a un latino, o no cuentan con la iglesia como intermediaria para llegar a ti. Eso está cambiando, poquito a poco.

Lo que me dijeron

«Eso es trabajo para gringos». Es decir, que nuestra gente no es capaz de ir, solo de recibir.

«¿Levantar sustento en Latinoamérica? Jaja».

«¿Misionero? Solo si vas a ser pastor y reportas bautizados». En los pueblos indígenas, el trabajo empieza mucho antes de cualquier bautismo: aprender el idioma, escribirlo, enseñar a leer, traducir.

«Estás loco por haber dejado un buen trabajo», me dijo un familiar, muy enojado. En parte era preocupación por mi futuro, y no lo culpo: en la iglesia casi nadie les explica cuál es la necesidad.

Algunas me dolieron más que otras. Y sí, quien va en serio encuentra menos estructuras que en otras partes del mundo y, a veces, menosprecio de los más cercanos. No es un camino fácil ni de prestigio. Pero el tiempo muestra qué te mueve.

Por qué vale toda la pena

Aquí les presento algunos de los muchos latinos que hoy sirven en distintos lugares del mundo. Me prestaron sus fotos para esta publicación:

Cada uno podría contar su propia maravillosa historia de cómo llegó hasta aquí. Gracias por dejarme mostrarlos.

Creo que este es el tiempo de Latinoamérica. Si no lo tomamos en serio, me temo que el Señor hará hablar a las piedras (Lucas 19:40). Vale la pena para llevar el evangelio a los que faltan, para abrir camino a los que vienen detrás y para honrar a quienes, años atrás, le llevaron el evangelio a nuestras familias.

Dormí bien esa noche. No me acordé del trato hasta la hora del almuerzo, cuando salí a comer algo. Y fui genuinamente feliz. Ese día, como un salto al vacío, empecé a hacer planes para dejar el trabajo en unos meses y a averiguar cómo y dónde prepararme.

Tu camino no tiene que ser igual al mío ni al de ellos. Ni siquiera el de Miriam y el mío fueron iguales. Pero si le estás dando vueltas a esa decisión, lo que sí se repite es la confianza: un sí dicho antes de saber todo el camino.

Si estás pensando en esto, escríbenos.

Y si eres parte de una iglesia local y crees que algo de esto debe escucharse allí, no dudes en buscarnos, a nosotros o a cualquier misionero, para compartir sobre las necesidades del campo.

¿Puede un latino ser misionero? Sí, absolutamente sí, y vale toda la pena.

Pepe y Miriam, misioneros transculturales

Pepe & Miriam

Somos Pepe y Miriam, misioneros transculturales en la Base Misionera Antioquia, y servimos también con SIL a grupos indígenas en las Américas. Miriam en alfabetización y Desarrollo del Idioma, Pepe como coordinador del área de tecnología, un puente entre la tecnología y los misioneros.

Conoce nuestra historia completa →

Si quieres recibir en tu correo las próximas entradas de esta serie, déjanos el tuyo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *